Teorías de lo complejo: ¿Por qué es interesante entender la actualidad? / En la opinión de Felipe de Alba

Por Felipe de Alba

 

En este espacio quiero hoy lanzar nuevas preguntas sobre lo que llamamos comúnmente “tiempos políticos”. Esto es medio ambiente, no en el sentido ecológico, sino social. Un medio ambiente social repleto de nuevas interrogantes.

 

El país vive un proceso electoral este año que, según se anuncia, cambiará la forma de hacer política en México. Quizá eso está pasando y no nos damos cuenta aún. ¿Qué es lo más importante en esta elección? La continuidad no es la discusión, sino las múltiples alternativas para “cambiar, aunque no demasiado”, parafraseando a Lampedusa (1896-1957). Prácticamente no hay ninguna opción de voto que no sea o por alianza o que no sea declarada distante de los partidos tradicionales. ¿Qué muestra todo ello? Aquí apunto cuatro ideas básicas.

 

Primero, ¿Qué tiene de “nuevo” la política? Por ejemplo, las palabras “crisis” o “cambio” pierden progresivamente sentido de “lo alarmante”. Tenemos décadas viviendo con ellas. Anunciar que un candidato traería crisis al país parece que dejó de ser tomado en serio. También que un candidato hable del “progreso” o de la “prosperidad” dejó hace mucho de ser interesante al votante. Aunque son palabras que siguen en debate, un candidato o partido por sí solo no puede garantizar ni una ni otra. Hoy creemos casi nada en lo que se creía antes.

 

Segundo, ¿Qué es lo inmediato? Se define por modas, que son ahora más eficaces cuando muestran signos de afecto, de sensibilidad o de apego. Por ejemplo, antes la familia era una imagen de estabilidad, ahora se busca resaltar el afecto en el ambiente del hogar de un candidato. No es la fuerza de la institución, sino la capacidad para enternecer al votante lo que cuenta. Despertar una emoción inmediata, pues será lo que quede grabado, no su propuesta.  Una sensibilización por lo evidente.

 

Tercero, ¿qué se resalta de las personas que “andan” en la política? Hace algunos años se criticaba a un candidato por no saber el precio del boleto del metro, hoy la corrección de una niña a un alto funcionario atrae más que el significado de una reforma; o la irritación en los ojos de funcionarios se repite como signo de los “misterios” que hay que descifrar. Hoy se hacen chascarrillos (memes, si me actualizo) sobre las amenazas de países extranjeros interviniendo en México. Lo inmediato, sus afectos, son lo que trasciende.

 

Cuarto, ¿Cómo contamos los signos de catástrofes? Hoy se cuentan menos los muertos y más los modos de la muerte, se da lugar más a los detalles. La noticia está en quien resiste a la muerte. El militar que defendió de un asalto fue instantáneamente un héroe (pero sometido automáticamente a la clandestinidad); se resaltó el sentido el humor del niño que sobrevivió a su familia, muerta de asfixia por el descarrilamiento de un tren; se elogió a Frida, la figura canina con más cobertura instantánea que las labores de rescate en los sismos.

 

En general, ¿cómo puede leerse hoy la política? Hoy estamos atraídos más por el detalle del suceso que por su análisis. Por ejemplo, hace ya mucho tiempo que el corporativismo dejó de ser noticia, ahora las noticias son los fraudes (de hecho, no han perdido ninguna actualidad); pero la historia de un diario personal con frases como “merezco la abundancia”, en el escándalo de corrupción de un exgobernador, se convirtió en el signo de un tiempo que provoca más reacciones emocionales que entendimiento. Recordamos más eso que los montos del atraco.

Hay que preguntarse si todo ello debiera obligamos a cambiar también nuestra lectura. Hay que cambiar no sólo los ojos con que se miran, sino al sentido mismo con el que leemos dichos signos.

 

También ello nos sirve para reconocer este vértigo por lo inmediato, un mundo donde nada es permanente, y cuya velocidad apenas y puede captarse. Habrá también que pensar cuales son los efectos que tiene todo ello en la diversidad de futuros posibles que tendremos que aprender a reconocer.

 

Felipe de Alba. Doctor en Planeación Urbana, con estancias de investigación en MIT (EEUU) y ENS (Francia). Ha escrito varios libros y más de 50 artículos en revistas internacionales sobre medio ambiente, recursos naturales y ciudades. Es investigador del CESOP, en la Cámara de Diputados, e investigador SNI 1.

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe, no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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